October 08, 2012

El paradero

Caminaba sin apuro por el parque. El sol pegaba sin calentar completamente en esas frías mañanas de inicios de primavera en Santiago. Aun se podían ver los rastros de la lluvia caída la noche anterior: pozas de agua y barro por casi todo el camino. Sin darse cuenta de mucho, ensimismado en la enésima repetición del nuevo disco de The National, él se apronta a alcanzar el paradero de bus donde esperará encontrar alguna micro con espacio. Quizás fue ese estado de poca atención lo que desencadeno todo. A lo lejos el vio la micro acercarse: tenía espacio. Se larga a correr y pizza sin remedio una poza, irremediablemente ensuciando sus zapatos y basta del pantalón. Lo peor no había pasado: el bus no se había detenido en el paradero y por lo tanto todo había sido inútil. Ella vio toda la acción desde el otro lado de la calle. Sin duda una situación común en las mañanas del frío Santiago. Nada de que extrañarse. Sin embargo ella no pudo sacarse la imagen del joven corriendo con la cara compungida hacia la esperanza de tomar un bus con espacio: "hoy me puedo ir sentado" decían sus ojos. Esa misma desesperanza los unía en esa fría mañana de septiembre.

"Toma, para que te seques" - le dijo ella alcanzandole un pañuelo desechable
"ehh, gracias" - dijo tartamudeando un poco y sacandose un audífono de la oreja.
"No te preocupes, a todos nos ha pasado el meter la pata alguna vez" - le dijo mientras le sonreía un poco, "para romper el hielo" se dijo a si misa, ese hielo que casi era verdadero esa mañana.

El solo atinó a sonreír un poco y secarse las manchas de agua y barro que marcaban su gris pantalon y zapatos negros.

"Si, quería tomar el bus" - le respondió mientras se agachaba ridículamente y se preguntaba porque respondía una obviedad como esa

Pasaron 10 minutos ahí. No hablaron mucho más. El volvió a escuchar música y ella a ojear una revista. El bus no venía y el frío empezaba a colar los huesos. 5 minutos más de espera y nada. Ninguno se extraño de la inusual



Normalmente había más gente en el paradero. Es cierto que para llegar había que caminar más, cruzar ese parque 

July 16, 2012

La llave

Meto la llave, giro la mano, pero la cerradura no cede. Vuelvo a intentar con la siguiente. ¿Cuanto tiempo llevo? no lo sé. Horas, días, meses, ya no importa. La confusión inicial de la situación ha sido reemplazada por una una cierta calma de la mano en la monotonía. A veces incluso olvido intentar abrirla, es más fácil ignorarla. Hoy corro, apurado meto la llave. Nos vemos, hablamos, nos despedimos. Giro un poco ansioso, cada intento es una nueva posibilidad, pero la cerradura no cede. Quizás mañana lo hará. 


March 15, 2012

l'amour dure trois ans

La première année, on achète des meubles.

La deuxième année, on déplace les meubles.

La troisième année, on partage les meubles.
-- Féréric Beigbeder

March 09, 2012

Vida

1. Despertar. Desayunar. Tomar la micro. Bajarse en el metro. Dejar pasar uno o dos metros llenos. Subir apretado. Bajarse empujando. Saludar en el trabajo. Tomar cafe de la mañana. Leer emails. Reuniones. Almuerzo. Leer emails. Trabajar un poco. Cigarro de media tarde. Leer emails. Despedirse en el trabajo. Tomar metro apretado. Esperar la micro. Cenar. Dormir. Volver a 1.

March 06, 2012

El dolor de espalda me esta matando. Entre las típicas contracturas que tengo cerca de los hombros, ahora se agrega  un dolor en la zona lumbar. Ese si que molesta. Cada vez que me siento, todo parte como una molestia y luego se extiende y transforma en un dolor postural. Pero cuando me paro ¡ay de mi! el dolor se transforma a un puntiagudo pulso que se acrecienta paso a paso. Corro por las calles para llegar a mi departamento y tirarme en la cama, buscando alguna posición que me relaje y aleje el dolor. Finalmente cruzo la puerta, busco entre las cajas la pastilla que me hará dormir, me la tomo con un poco de agua y me entrego a los brazos de mi cama. Duermo. Duermo mucho. No logro despertar. Uno tras otro se siguen los sueños y pesadillas. Finalmente creo que estoy despertando. Me toma un tiempo largo juntar mis sentidos y luego mis fuerzas para abrir un ojo. Es de día, tarde. No se bien que hora, sigo atontado por la pastilla. El dolor no esta. Estoy feliz. Intento moverme, pero no lo logro. Es raro, siento el cuerpo, pero no logro conectarlo. Me desplazo por la casa en mi mente: salgo de la cama, tomo una ducha, me visto. Me miro en el espejo, soy una columna vertebral. Salgo del departamento, corro, sin dolor, soy libre.

Haz de luz

Despierto molido, la boca seca, pastosa. No se donde estoy, todo es difuso, confuso. La pieza esta casi completamente oscura, un haz de luz se cuela entre la persiana metálica. Pienso un rato, pero no logro recordar nada. La oscuridad me produce una momentánea sensación de calma, pienso en mis padres, en Chile, en mi vida, todo desde esa habitación oscura. No hay más angustias ni recriminaciones, me siento en casa. Y quizás lo estoy, más que mal, aún no se en que pieza estoy. Me vuelvo a concentrar, hago un esfuerzo cerrando los ojos, pero no logro nada. Mi ubicación espacio temporal es desconocida y eso me produce calma. Dejo atrás los miedos y angustias de sentirme lejos de todo y de todos. En mi desconocimiento estoy cerca, en la oscuridad estoy tranquilo. Pero no, no hay oscuridad absoluta. Ese maldito haz de luz me provoca, me obliga a pensar en ayer, en mi posición, en mi vida. Me aterra y explota lo más profundo de mis miedos. Quiero dejar de verlo, cierro los ojos, los aprieto, pero siento el haz colarse en mi retina. Me vuelvo loco, quiero dejar atrás todos los pensamientos, pero la tormenta se alimenta de ese maldito haz. La luz me obliga a abrir los ojos, a pensar, a ser consciente, a no olvidar. Sin pensarlo más, ya que no veo otra solución, me reviento un ojo con mi dedo. Luego el otro. Un grito de dolor. Ahora duermo en paz, donde quiera que sea.